sábado, 7 de mayo de 2011

¿Para qué sirve un oso?





Director: Tom Fernández
Reparto: Javier Cámara, Gonzalo de Castro, Jesse Johnson, Oona Chaplin, Emma Suárez.
Año: 2011

Realmente tenía ganas de ver esta película, pero una vez más, nos la colaron por toda la escuadra con el tráiler. Un tráiler desenfadado, dinámico, buen montaje, buena música y que contaba todas las coñas de la peli, porque no hay más. Y yo, ingenuo de mí, me lo tragué. Pero hasta el fondo; tenía esperanzas de verdad en esta peli. Total, que ayer, mi señora novia y yo fuimos a ver “¿Para qué sirve un oso?”. Había 10 personas en la sala, y no es para menos, amigos; no es para menos. Veamos en profundidad (menor que en la de Tron, lo prometo) por qué esta película me pareció un pequeño mojón o una gran pifia, como se quiera ver.

Esto va así: Guillermo (Javier Cámara) y Alejandro (Gonzalo de Castro) son dos hermanos huérfanos que fueron criados por una sirvienta inglesa (una Geraldine Chaplin completamente pasada de rosca) en un caserón de Asturias. Ahí, gracias a una película antigua, aprendieron a amar la naturaleza, básicamente porque sí. Guillermo se hizo biólogo y se fue a la Antártida. Alejandro se convirtió en un zoólogo famoso. Y ambos se olvidaron uno del otro sin ninguna razón aparente.

Esto se repite una y otra vez.

Guillermo, el de la Antártida, un día dando una vuelta por ahí observa una planta creciendo entre el hielo a consecuencia del cambio climático. Se deprime tanto que le da una pataleta de niño pequeño y se vuelve al terruño “a ser normal”, porque lo de científico para salvar el Planeta es una batalla perdida. Mientras tanto, en el otro lado de la balanza, Alejandro lleva cuatro años subido a un árbol buscando fotografiar osos en un bosque de Asturias, ya que si no los encuentra, construirán una urbanización. ¡Mon dieu! El destino de ambos está a punto de entrelazarse de nuevo…uuuh.

Bien, si yo ahora preguntara qué es lo que va a pasar y dejara un hueco para escribir, todo el mundo acertaría el 90% de la película o al menos la trama principal. No hay sorpresa en ningún momento, no hay emoción, no hay nada de nada. De hecho, hasta las gracias eres capaz de anticiparlas y de reiterativas que son, acaban por ser bastante pesaditas. Por ejemplo, al principio, Alejandro se cae por un puente de su casa colgante y se queda atrapado por una pierna. ¡Jajaja, qué risa, tía Felisa! Bien, eso se repite unas tres veces más. Por eso, señalo el
Primer Problema: Previsibilidad y reiteración. Mal vamos, mal vamos.

Segundo Problema: Tramas secundarias y personajes secundarios.
En el momento en que empiezan a aparecer secundarios, las esperanzas de ver algo que merezca la pena se van a tomar por culo y la película se convierte en un Doctor Mateo In The Woods.
La primera trama secundaria la protagoniza la veterinaria del pueblo (Emma Suárez) y su ahostiable hija Daniela. La madre no quiere que la hija sea aventurera porque su padre era alpinista y se mató, ya ves tú. Y la niña no se quita su casco ni para dormir. Y no quiere bailar ballet ni que le cuenten cuentos de princesas. Es sólo cuestión de tiempo que se junte con nuestros dos héroes y alguien termine enamorándose…Arrrghs. Escribir esto me está costando horrores.

Javier Cámara, Emma Suárez, Tom Fernández, Gonzalo de Castro y Oona Chaplin

La segunda trama secundaria la protagoniza el ayudante de Alejandro, interpretado por un tal Jesse Johnson (parece de mentira, el nombre). Es un americano que también quiere ser zoólogo, al que todos llaman “Chaval”. Esto, es gracioso un rato, luego pasa a ser, por decirlo finamente, jodidamente cansino. Total, que se enamora de Rosa, la profesora de la niña-pokémon antes mentada, y la última en este mogollón.
Esta profesora está interpretada por una tal Oona Chaplin, hija de Geraldine Chaplin, y nieta de Charles Chaplin (ni más ni menos, aunque el talento familiar se diluye generacionalmente que da gusto). En fin, que el americano se enamora, pero la otra, en una actuación tan paupérrima que da hasta asco, deja constancia que a ella el planeta le importa tres pimientos ¡Hombre ya! Y que eso de reciclar es un camelo. El americano se enfada, se va, a los dos días vuelve, le hace un barco (sí, si, como lo léeis) con la mierda que ella no recicla.Por supuesto, Rosa ve lo necesario que es reciclar, se enamoran, y....y ya. ¿Los secundarios más innecesarios de la historia del cine? Puede ser, pueeeeeede ser.

El mejor punto de la película, y os lo he jodido. Mwahaha.

Estas tramas bajan muchísimo el ritmo de la película y lastran la trama principal, la interesante, pero viendo la consistencia de ésta (no hay osos-queremos osos-urbanización no-osos sí), pues en fin, se entiende. No por ello se soportan mejor. Qué gran película podríamos haber tenido si sólo hubieran sido los dos hermanos perdidos en el bosque buscando el puto oso.

En fin, el caso es que no hay osos, el biólogo y el zoólogo ponen unas colmenas para atraer abejas, que haya miel y que vengan osos. Ole. Por otra parte, hablemos del zoólogo. Es el Dr. Mateo, mezclado con un poco de Rambo. Difícil de creer, pero simpático. Es que en esta película no hay ni un personaje que no esté forzado, es como ver una parodia. Teniendo en cuenta que hay cinco personajes y tres son insoportables, pues eso. Lo más creíble son Javier Cámara y Gonzalo de Castro, y su trama es casi divertida, lo más ameno de la película, y no porque nos creamos de verdad que son hermanos y que se odian-quieren un montón, sino porque están curtiditos en esto de hacer comedia, y oye, se les da bien. No les reprocho a ellos que esta película sea un despropósito, hacen lo que pueden. Pero ¡Eh! ¡Que se enfadan y se reconcilian! ¿Alguien lo dudaba? Veeenga.

OoooooOOOooonachaplín.

POR CIERTO (y para acabar): Tengo que hablar del final. Sí, lo voy a contar, porque si se ha aprobado un guión con ese final, amigos míos, vamos mal.
El caso es que no hay osos, no llegan, y finalmente van a construir (ponen un tablón de esos anunciando casas en construcción). El zoólogo se deprime tanto que se emborracha, bueno, da igual. El caso es que está su hermano, el biólogo subido un día a un monte, y de repente ¡Zas! ¡Un oso! ¡Así porque sí! Oh, emoción (la más mínima). Total, que lo lleva al campamento base para hacerle fotos. Pero necesitan dormirle, así que recurren a la veterinaria. En ese momento, con una de las coñas recurrentes de la película (llamarle hembra humana en vez de mujer, compartir alimentos en vez de invitar a cenar…joder), acaban besándose apasionadamente la veterinaria y el zoólogo. Y ENTONCES con la elipsis temporal más golfa que he visto en mi vida, en los siguientes planos (duración veinte segundos cada uno), ha pasado todo esto:

-Han atrapado al oso, anestesiado, dormido, hecho fotos, pesado. (no se ve)
-Han enseñado las fotos para que hagan el bosque zona protegida. (no se ve)
-El zoólogo ahora vive en una casa con la veterinaria y el demonio de su hija, satisfecho por el deber cumplido.
-El americano y la sosainas son felices, comen tofu y enseñan a los niños en el colegio la importancia de reciclar para ser mejores chimpancés evolucionados.
-El biólogo se vuelve a la Antártida y empieza un nuevo libro que se llama, atención a la jugada, “¿Para qué sirve un oso?”
.

Se acaba la película, se encienden las luces y evitas mirar a los ojos a la gente, para no sentir esa especie de “madre mía, qué mojón nos acabamos de tragar”.


Uaarrgh....¡Venid a mí, hembras humanas!

Lo mejor: Los parajes de Asturias. Tengo que pasar mis vacaciones ahí. Ah, y a Gonzalo de Castro (el zoólogo), le clavan un hacha en la cabeza, lo cual me hizo mucha gracia, la verdad.
Lo peor: No reciclar hará que te estallen los globos oculares, que lo sepas.
Conclusión: Una película que es un continuo quiero y no puedo, un panfleto ecologista de la más baja estofa, llena de gracias que no hacen gracia, de personajes secundarios insoportables, y una estructura narrativa que parece más una serie de sketches que una historia cohesionada como Dios manda. En definitiva, a la próxima será. Por cierto, lo que menos importa son los osos, tócate los cojones, hombre.


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