miércoles, 15 de noviembre de 2017

Blade Runner 2049


Vamos a ser serios, Blade Runner, la original, es espesita. Cualquier persona con criterio que se plante delante de la pantalla sentirá un leve escozor de tedio a los escasos primeros cinco minutos de la película. Ya ahí depende del bagaje de cada uno de apreciar sus cualidades (que las tiene, y muchas) o dejarse llevar por la somnolencia. Pero se le perdona, ¿verdad? Hay que respetar a los mayores y tener en cuenta que se rodó hace más de 35 años. Además, siempre he sido muy fan del "futuro ochentero"de coches voladores y americanas con hombreras.

Hablemos ahora de Blade Runner 2049. Para empezar, qué ganas de pillarse los dedos. Y es que el año 2049 está a la vuelta de la esquina; coches voladores, implantación de recuerdos, software con sentimientos, replicantes, mundo semi apocalíptico... De verdad, no hubiese costado nada llamarla Blade Runner 3049 y vas con margen. Ya bastante estamos sufriendo para igualar el futurista 2015 de patinetes voladores y zapatillas que se atan solas los cordones que planteaba Regreso al Futuro 2. No nos metáis tanta presión que se nos echan encima los años.
Voy a hacer mi propia porra para ese año. Vaticino todavía mayoría de coches de gasolina sobre los eléctricos, pantalones de campana (esto es cíclico), Google glasses o similar y Fifa 2049.

Ryan Gosling es un replicante. Esto se sabe desde el principio. Primero por su ya de sobra conocida escasa expresividad y segundo porque le mete una mano de hostias al mismísimo David Batista en el minuto uno. 
Como he dicho, Ryan Gosling es un replicante que "retira" (ajusticia) replicantes antiguos. Es como las actualizaciones de Apple, no hay piedad con los terminales antiguos. Hasta que un buen día le da por creerse el centro del Universo. Piensa que es el primer replicante de la Historia nacido de forma natural a partir de otro replicante. Es tal la película que se monta que va a visitar a Harrison Ford, aunque realmente, la razón de su visita no es otra que la de dar una excusa para sacarle en pantalla y que la película tenga más tirón. 
Entre los dos, consiguen hacer bulto durante casi 3 horas de película y finalmente descubrir quién es en realidad la auténtica primogénita replicante: Una mujer burbuja que solo puede tener contacto con otras personas a través de un cristal. Auge y declive del imperio replicante en una tarde.

Y pensaréis, ¿da para tanto esta película? Sí. El director Dennis Villeneuve es capaz de llenar de humo todas las escenas y sacar adelante horas de película con tan sólo cuatro actores. Hipnotizando con bellos paisajes y sobrecogedores ambientes generados por ordenador, es el plus principal con el que cuenta esta película con respecto a la original de 1982. Es más, está tan vacía, que el malo (sí, es una película con malo), a pesar de ser el dueño del mundo y fundador del mayor emporio de la historia, sólo tiene una empleada. Solitaria empleada que persigue a nuestros protagonistas hasta que muere. Ya entonces acaban las hostilidades y el malo malísimo desiste.

Lo mejor: Hay tanta niebla argumental y ambiental, tantos vacíos y deja tantas lagunas finales que es admirable ver cómo éste director saca adelante (y con críticas favorables) sus últimas películas.
Lo peor: Películas de casi 3 horas, capítulos de series de casi 1 hora... Ya está bien, dejadnos vivir.
Conclusión: Volviendo al tema de los pantalones de campana que he comentado antes. Hace poco vi a una chica llevando unos campana. Pero con estilo, una moderna, no la típica persona que ha vivido de espaldas a las modas y lleva pantalones campana porque son los mismos que llevaba en 2005.
En ese mismo instante me di cuenta: Están volviendo. 


viernes, 27 de octubre de 2017

Tarantino

Mes triste, ha cerrado Aficciones, una web en la que puntualmente colaboré.
Como despedidad, rescato la que en mi opinión fue el mejor texto que publiqué.

No quisiera dejar pasar ni un segundo para empezar a hacer amigos. Así que no veo mejor momento para recordar una de mis más polémicas frases:

“Tarantino, el director de los que no tienen ni puta idea de cine”. 

No me juzguéis todavía. He de reconocer que esta controversia barata no es del todo cierta. Pero sí es germen del asunto que me trae hoy aquí. Hace años que observo un comportamiento común entre mis coetáneos. Se trata de la tremenda admiración hacia el fantástico (lo digo de corazón)  cineasta Quentin Tarantino. Admiración que se convierte en fanatismo a la hora de explicar sus cine. Fanatismo que se torna extremismo cuando de defenderlo ante ingratos como yo se trata.

Y yo me pregunto, amigo Tarantino: ¿Qué les das?

¿Qué tienes para ser idolatrado? ¿Por qué la gente te admira por encima de tantos otros? ¿A qué se debe que tu aura resplandezca siempre brillante? ¿Por qué nadie reconoce que el diálogo de “Like a Virgin” es una gilipollez? ¿Por qué Pulp Fiction me aburre? ¿Por qué, a pesar de tu legión de incondicionales, nadie ha visto Jackie Brown? ¿Por qué Malditos Bastardos (edito: Odiosos 8) me parece tu mejor película? ¿Por qué cada día se te acerca más la barbilla a la boca? ¿Por qué no te metieron en la cárcel por Death Proof? ¿Por qué en Django veo un leve rayo de esperanza? ¿Por qué no te puedo amar como el resto? ¿Qué me pasa, Quentin?

Así que me decidí a revisar de nuevo lo que para muchos es la cúspide de su cine. Kill Bill. Las dos, por si acaso. Quería saber qué era lo que veía la gente en aquel refrito de películas y géneros olvidados. Qué veían en ese popurrí de elementos. En ese remix de panchitos y pipas. En esa recopilación de ambientes y escenas digna de documental de cine. Y entonces, mientras disfrutaba de una lucha con katana en pleno desierto cowboy, lo comprendí.

Tarantino es El Cine. Es el remix de los top de YouTube. El recopilatorio de lo mejor y lo peor metido a capón. Es la lista de “Películas que ver antes de morir” que nunca verás. Tarantino te trae dosis de cine suficientemente asequibles como para ser digeridas. A la gente le gusta tirarse el rollo, le gusta saber de cine y le gusta tener una opinión asentada. Pero no le gusta tragarse mierdas en blanco y negro. La gente pasa de perder tiempo en los clásicos de cine. La gente lo quiere todo ya. Y ahí aparece Quentin Tarantino. Es como el Ferrero Rocher. La exquisitez de Isabel Preysler en el supermercado de barrio. Tarantino es la calidad asequible. Tarantino es una opinión válida, asentada y suficientemente profesional.



Y no sólo es la wikipedia del cine. Tarantino es un Estatus. Tarantino es lo caro de lo barato. Es beber Jack Daniel´s con Coca-Cola. Suficientemente lejos de la pedantería pero un paso por delante de la vulgaridad. Tarantino es quedar bien. Es ver cine sin verlo. Es saber de cine sin saber. Es quedar bien. Saber de todo y de todo entender.

Yo te alabo, de verdad, fan de Tarantino. Sabia elección. Mejor esto que ser un moñas. Tarantino es la jugada ganadora. ¿Qué quién es mi director favorito? Tarantino, porque es un transgresor. Y ya está, quedas como un señor. ¿Cine antes de los años ’90? Lo que el Viento se Llevó y alguna de gladiadores.

viernes, 6 de octubre de 2017

Stranger Things



Me he venido arriba y he llegado a opinar que Stranger Things es la mejor serie original de Netflix. No es verdad (tampoco he visto todas), aunque posiblemente no ando lejos. Y es que en Netflix no es oro todo lo que reluce. Las millonarias campañas publicitarias y las vagas opiniones de los trillones de nuevos expertos en series hacen que Narcos, Daredevil y House of Cards sean la nueva Santa Trinidad catódica. Por eso vengo a defender Stranger Things y, aunque hable mal de ella, es la única que, de momento, se ha ganado un milmillonésimo milímetro cuadrado en mi corazón.

Antes de empezar, y aprovechando que se acerca Stranger Things 2, me vais a permitir una reflexión: Recomendar series se ha convertido en la piedra angular del cuñadismo ilustrado.
"¿No has visto Stranger Things? No me lo creo. Está muy bien, te la recomiendo".

Empecemos con la serie. Stranger Things va de raros, pero no de cosas raras, si no de personajes raros. Un casting muy atinado que ofrece un elenco de gente peculiar a la que, en menos de lo que esperas, se le coge cariño. Los protagonistas son unos niños. Niños raros. Con cara de filicarpio, un negro que parece un señor mayor, otro sin dientes y operado de la gorra y uno canijo. Un macarra a lo Danny Zuko, pija a lo Sandy Olsson, un hermano mayor a un paso de Columbine y un policía con un pasado triste que le consume. Todos ellos girando alrededor de Eleven, una niña con poderes psíquicos. Pero en el pedestal de los majaras, la reina de todos los frikis, la madre de todos los monstruos, solo puede ser una. Winona Rider.

Con este plantel se conforma una historia de ficción bastante llevadera. Dejando más poso por sentimiento que por guión; sus entrañables personajes ochenteros ciegan la razón.
Y es que el éxito radica en llegar a la fibra de los espectadores. Espectadores que añoran el pasado. Su juventud. Los 80. Una época donde lo petaban, donde eran los números uno en nada pero en todo a la vez. Un filón para Netflix.
Esa brecha generacional a la que ahora solo les queda una vida de fachada, de cara a facebook y de impresionar con lo poco que les da la vida. Un intento de ocultar penurias con admiración social infundada en supuestos conocimientos seriéfilos.
No seáis así, treintañeros / cuarentones. No vayáis de listos con las series. No recomendéis series de Netflix. "¿No has visto Stranger Things? No me lo creo. Es un rollo E.T. o (bonustrack) Super 8. Deberías verla"
Cállate la boca, Stranger Things tiene un poco de Stalker de Tarkovsky, de Under the Skin (si no la habéis visto, es la que sale Scarlett Johansson desnuda) o de Déjame entrar de Tomas Alfredson, pero NO de Super8. Payaso.

Lo mejor: Es verdad que sí que tiene un poco de E.T. El Extraterrestre. A Eleven la disfrazan igual que cuando disfrazaban a E.T.
Lo peor: Al principio muere una adolescente y, a pesar de ser una adolescente gigante, nadie parece echarla en falta.
Conclusión: Recomendar series de Netflix es como recomendar cafés del Starbucks.

miércoles, 12 de abril de 2017

Pumping Iron



Amantes de los largometrajes de gladiadores, hoy os traigo una joya del mundo del documental, Pumping Iron. Una película inicialmente perturbadora hasta que pose a pose te va aprisionando entre sus biceps de aceite y normalidad. Y es que, durante los primeros 15 minutos, es inevitable sacarte de la cabeza el pensamiento de: "Qué cojones hago viendo esto". Incluso sobrevuela un inicial sentimiento de pudor ante la posibilidad de que tu abuela pase por delante de la televisión y te sorprenda viendo tal cantidad de hombres semidesnudos. Aunque ya digo que es un sentimiento pasajero, uno de los grandes valores de esta película es normalizar y acercar el culto al cuerpo hasta el punto de que ver a dos maromos darse aceite mutuamente en las cachas traseras no resulte sexualmente tenso.

Vamos a ser realistas, esta película gira en torno a lo fuerte que está Arnold Schwarzenegger y para ensalzar su apolinea figura. Rodada en 1975, se centra en cómo Arnold gana el Mr. Olympia de ese año sin levantarse del sofá. Para los blandengues os explico que el Mr. Olympia es el certamen anual más prestigioso donde se elige al culturista que más pincheroides se ha tomado a lo largo del año.

Es muy interesante el modo piramidal de este documental; nos lleva de fracaso en fracaso (de otros culturistas) hasta llegar a la victoria final (de Arnold) para agrandar aún más si cabe la figura del Número 1.

Fracasos
Este es el grupo de los que se dejan los cuernos en el gimnasio. Gente de a pie que se apuntó al gym y no supo darse de baja.
Empezamos con Mike Katz, padre, profesor de escuela, bizco y calvo con melena rubia a lo Hulk Hogan. A pesar de estar como un tanque de fuerte, no es profesional todavía. Un claro ejemplo de persona a la que no le pega estar tan exageradamente fuerte. Fracaso.
Seguimos con Franco Columbu, un italiano gran amigo de Arnold e igualmente musculado aunque con un hándicap insalvable, mide metro y medio. Una condición que, al lado del gigante austriaco, le hace parecer un Madelman. Franco Columbu viene de un pueblo de Italia como el de El Padrino, donde estar tan fuerte solo le vale para impresionar a los paisanos de la zona. Fracaso.
Y por último, el gran rival de Arnold, Lou Ferrigno, un italo-americano con más pelo que una oveja. Lou entrena en un gym que parece la sala de espera de Saul Goodman, siempre bajo la atenta mirada de su padre. Éste, que viste chándal con camisa, le mete mucha caña, pero Lou no da para más y al final no es capaz de destronar al rey. Lou Ferrigno será recordado más tarde por pintarse de verde para interpretar a Hulk. Fracaso.

Éxito
Tras pasarse todo el documental echándose la siesta, Arnold Schwarzenegger se levanta, se quita la camiseta, eclipsa el sol con su deltoides y, como todos esperábamos, gana el Mr. Olympia de 1975.


Lo mejor: Mostachos, blancos, afros, calvos con melena, negros, patillas, rubios, raya en medio... Eso era variedad. Ahora todos los culturistas son calvos y marrones.
Lo peor: Se nota un vergonzoso favoritismo hacia Arnold por parte de público y jurado. El propio presentador del certamen da paso a su entrada refiriéndose a él como "único e insuperable", algo que no hace con ningún otro contendiente.
Conclusión: Muchos culturistas se dieron cuenta, tarde, de que el Gobierno no da subvenciones por estar fuerte.


jueves, 9 de marzo de 2017

Manchester frente al mar



Como se que no frecuentáis este tipo de películas, os la resumiré comparándola con una película más amigable y adecuada a nuestro nivel cinematográfico.
¿Recordáis la obra maestra "Solos con nuestro tío", esa película con Macaulay Culkin y que fue el prólogo de las míticas "Solo en casa"? El tema era sencillo, unos padres de familia tienen que dejar a sus hijos a cargo de su tío Buck, un soltero bebedor de cerveza e irresponsable incapaz de llevar una vida convencional. La gracia estaba servida, un tío desastre que de la noche a la mañana tiene que sentar cabeza para convertirse en la figura paterna temporal de sus sobrinos. Risas mil.

Pues "Manchester frente al mar" es el remake. Unos pequeños arreglos dramáticos convierten un clásico de la risa de los 90 en una seria candidata a los Oscars de 2017.

Lo primero es sustituir al tío. Ya no vale el rellenito y bonachón John Candy. El tío Buck hacía gracia, pero ahora hay que buscar drama, caras lánguidas y miradas vacías. Para eso llamamos a Casey Affleck, un actor que siempre ha hecho papeles de relleno pero que de la noche a la mañana se proclama actor del año. Y nosotros sin darnos cuenta. Pum, Oscar en tu cara. Metiéndonos a los Affleck con calzador.
Luego está el sobrino, el segundo protagonista de la película. En la de "Solos con nuestro tío" era Macaulay Culkin. Es verdad que si querían drama podían haber vuelto a contratarle. Hubiese sido un puntazo, pero bueno, en su defecto el papel de sobrino es interpretado por un chaval aleatorio. Cuanto más Don Nadie sea mejor, para que nos fijemos bien en el nuevo adalid de la interpretación dramática, el tío Casey.
Padres. Aquí hay un cambio sustancial. En la peli de risa los padres no están en casa porque tienen que salir fuera el fin de semana. En la peli de llorar los padres no están en casa porque una es alcohólica y el otro está muerto. Así.
Hay otro dato que aporta mucho drama. Si bien el tío Buck era un bebedor de cerveza borrachín y divertido, el tío Casey es un bebedor de cerveza alcohólico y sociopata. Los dos consumen la misma cantidad de alcohol, pero parece ser que el pequeño de los Affleck tiene peor beber.

Estos arreglos, junto con la flamante historia personal de Casey, convierten esta película en un vendaval dramático que azota la eterna cara de paisaje de nuestro protagonista mientras se mantiene estoica durante dos horas de tristeza interna. Un círculo perfecto que cierra una saga mágica del cine.

Lo mejor: Casey Affleck, como ya tiene un Oscar, se puede permitir el lujo de dejarse una barba desaliñada. Un estilo solo al alcance de los actores que están por encima del bien y del mal en Hollywood.
Lo peor: Ser un gordo borrachín como el tío Buck hace mucha gracia... hasta que te encuentran muerto en un hotel de México por un infarto con tan solo 43 años.
Conclusión: "Solos con nuestro tío" nos la vendían en España como "La nueva película del protagonista de Solo en casa (1990)" a pesar de que "Solos con nuestro tío" (1989) se rodó un año antes. Es decir, que era tan mierda que a España solo llegó tras el tirón de "Solo en casa".


lunes, 27 de febrero de 2017

Moonlight



Año tras año el gremio de cómicos tiene la necesidad de auto-condecorarse, de ponerse medallas en prime time para que todos reconozcamos su esfuerzo para con la sociedad. Pero esto no queda ahí, ahora, a esta felación grupal, se une la necesidad de adoctrinar. La necesidad de sentar cátedra desde el pedestal de la televisión y con la superioridad intelectual que da ser artista. Así vemos que año tras año el cine queda relegado a un segundo plano en favor del tema que toque. Obviamente, este año toca Trump. Y aquí es donde me tiro a la piscina. ¿Es Moonlight lo mejor de este año? ¿O el combo negro / acoso / homosexualidad ha influido algo en esta decisión? ¿Es LaLa Land mejor película, de calle, en casi todos los aspectos pero demasiado inocua?

Pero bueno, yo aquí vengo a lo que vengo, a hablar de la flamante ganadora del Oscar a la mejor película, Moonlight. Si en mi anterior crítica, Comanchería, veíamos el tema blanquito redneck sureño cuyos padres son primos, hoy nos toca el tema nigga thug life San Andreas. El ying y el yang de la clase baja americana.

Moonlight es la historia de una vida. De la niñez, adolescencia y madurez de Chiron. Un afroamericano desde que nace hasta que se compra un low rider.

Infancia: Chiron es un niño cabezón que vive en un videoclip de Ice Cube. Sin padre, con una madre adicta al crack y en un barrio copado por dealers y yonkis, a Chiron le quedan pocas ganas de ser feliz. Por si fuera poco, le calientan en el cole por ser un niño blandito.
Por fortuna, Juan, el camello del barrio se fija en él, abriéndole las puertas de su hogar y dándole el cariño que no encuentra en su madre. Aquí se produce un tema curioso, y es que a Juan nos lo venden como a la Madre Teresa de Calcuta. Por el día es el "Hermano mayor" que cuida de Chiron, evitando que se meta en líos; pero por la noche no duda en venderle unas bases a la madre del crío.

Adolescencia: Pasamos de niño blandito a adolescente gay. Lamentablemente, en semejante barrio, se lo tiene bien calladito. Aunque eso no impide que el acoso escolar vaya en aumento. La situación de nuestro protagonista es insufrible. Un colegio que parece una cárcel, una madre que ya es campeona Olímpica de fumar en plata, Juan, el dealer, fallecido... Caldo de cultivo para que Chiron explote y evolucione al siguiente nivel.

Madurez: Chiron ahora es 50cent. En cosa de diez años ha ganado unos treinta kilos de masa muscular y se ha comprado el kit de Thug Life; abalorios de oro (incluidos dientes), pañuelito taleguero en la cabeza, pistola y, como ya mencioné, un low rider. Chiron es el nuevo Juan. Un dealer que llena de drogas, violencia y miseria las calles. Pero eso sí, con un gran corazón. 
Aunque todo cambia cuando recibe la llamada de su amigo de la infancia. El amigo que le acarició el gato en la adolescencia. El amigo que le abrillantó la empuñadura. El amigo que le atusó el badajo. El amigo que le hace replantearse quién es Chiron en realidad. El amigo que le recuerda al niño que una vez fue.

Lo mejor: El Oscar a Mahershala Ali a mejor actor secundario apoya mi teoría. Diez minutos contados en pantalla poniendo cara de limón no son suficientes para un Oscar... A no ser que sea el Oscar reivindicativo a un actor musulmán negro. Aunque mejor dárselo a Remy Danton que a Jeff Bridges por hacer de Jeff Bridges.
Lo peor: Ser gay es dificilmente compatible con la thug life.
Conclusión: Si el nombre de Mahershala te parece jodido de pronunciar, deberías saber que es un diminutivo de Mahershalalhashbaz.


domingo, 26 de febrero de 2017

Comanchería


Empezamos el repaso a los Oscars 2017 con la película nominada para hacer bulto. Es un dato triste ver que, incluso entre los supuestos nueve mejores largometrajes del año, hay diferentes ligas. En el caso de Comanchería, estaría luchando por evitar el descenso.

Definida como "western moderno", la realidad es que éstas películas salen solas en los Estates. Son esos clásicos dramas sociales a los que tan acostumbrados estamos aquí.

Drama social español: Dos hermanos, uno más cabal y guapo; otro más problemático y calvo, llevan una fútil existencia en Vallecas, Sureste de Madrid. Agobiados por las pocas oportunidades laborales y la necesidad de hacer frente a la hipoteca de su piso, se ven irremediablemente abocados a caer en una espiral de autodestrucción. En un acto de pura necesidad compran un Citroën BX y se deciden a robar la sucursal de la Caja de Ahorros de Castilla La Mancha.
En el torpe y atropellado asalto, consiguen huir con 7.000 €. Un balón de oxígeno para su situación.
Lo que no saben todavía, creyéndose indemnes del crimen, mientras disfrutan de un bocadillo de calamares en una estación de repostaje Repsol, es que el Teniente de la Guardia Civil Manuel Cifuentes (interpretado por José Coronado) ha comenzado su búsqueda y captura.

Drama social yankee: Dos hermanos, uno más cabal y guapo; otro más problemático y calvo, llevan una fútil existencia en Odessa, Suroeste de Texas. Agobiados por las pocas oportunidades laborales y la necesidad de hacer frente a la hipoteca de su granja, se ven irremediablemente abocados a caer en una espiral de autodestrucción. En un acto de pura necesidad compran un Ford F150 y se deciden a robar la sucursal del Wells Fargo & Co.
En el torpe y atropellado asalto, consiguen huir con 7.000 $. Un balón de oxígeno para su situación.
Lo que no saben todavía, creyéndose indemnes del crimen, mientras disfrutan de un Hot Dog con extra de pepinillos en una estación de repostaje Texaco, es que el Sheriff del Condado Marcus Hamilton (interpretado por Jeff Bridges) ha comenzado su búsqueda y captura.

Estos rollos no deberían ser suficientes como para estar nominados a nada. Pero bueno, ¿qué sería de los Goyas sin algún drama social? Los Oscars no pueden ser menos.

Lo mejor: El magnífico método de búsqueda de la policía. Jeff Bridges y su compañero se sientan en una cafetería frente a un banco aleatorio, de un pueblo aleatorio, y a esperar por si aparecen los ladrones.
Lo peor: La preocupante falta de gestión contable de los asaltantes. En cada robo a un banco, entierran el coche para deshacerse de las pruebas. Según se dice en la película, roban tan solo una media de 7.000 $ por asalto. No me salen del todo las cuentas...
Conclusión: En Texas no eres ladrón de bancos porque no quieres. Y es que este Estado sureño está como un solar. Bancos sin clientes ni seguridad en pueblos aislados y sin un alma. De hecho, es tan preocupante la despoblación que sufre, que sólo les persiguen dos policías. Frente a este panorama, es un paseo para los asaltantes durante toda la película.
Sede del Banco Mundial en Texas: Como ya he dicho, los ladrones de bancos campan a sus anchas por un desolado Texas; hasta que topan con el último banco. Un último banco que aglutina toda la densidad de población de Texas en cien metros cuadrados. Obviamente, la mala fortuna de ir a parar con un banco repleto de miembros de la Asociación Nacional del Rifle el día de cobro hace que se les complique el día.


jueves, 13 de octubre de 2016

Batman vs Superman


Si miras bien en Google Maps puedes ver que Gotham y Metrópolis hacen frontera. Toda la vida viendo a Batman y Superman y no sabíamos que estas dos ciudades eran el Villarriba y Villabajo de DC; pero en lugar de con Fairy, con superhéroes. Obviamente, "mucha polla en tan poco corral" (San Mateo 14,16) .

La película es escandalosamente larga y, contra todo pronóstico, demasiado enrevesada. El tema principal es que Superman arrasa. Hace y deshace a su antojo, que para eso es el último hijo de Krypton. Si salva a la gente de una gran amenaza, porque los salva; si no hace nada, porque no lo hace. Nunca llueve a gusto de todos, y esto hace mella en el sensible corazón de Clark Kent. De hecho, para el director de la película, Superman es un personaje más temido que amado. Una especie de Don Vito al que hay que besarle la mano no vaya a ser que le de por aplastar vidas.
En cierto modo, no se aleja del espíritu americano: Superman es un inmigrante que nunca fue invitado al país de las barras y estrellas. Un espalda mojada al que no tienen más remedio que reírle las gracias, pero al que de buena gana le deportarían a Guantánamo.

Por otro lado está Batman, el Caballero Oscuro, el Donald Trump enmascarado enarbolando la bandera de las libertades americanas. Mucho habla del peligro que representa Superman para la Humanidad, aunque en realidad ese discurso lo único que pretende es esconder la caca de sus calzoncillos al ver que la silueta del Hombre de Acero hace sombra sobre su piscina. De este modo, comienza una clásica "campaña del terror" para advertir a la población yankee del peligro que supone el arma de destrucción masiva que esconde Superman bajo sus calzones.

Aquí entra en juego Lex Luthor, el enchepado imitador del Joker que se encarga de crear la chispa necesaria para que nuestros dos héroes se torteen. Ahora llega el dilema: ¿No es Batman un mindundi al lado del Hombre de Acero? Sí, si lo es. Por eso Batman no va a pelo al combate. Haciendo caso al consejo español universal de "coge un palo o algo", se planta delante de Superman con una buena estaca. Una estaca de kryptonita.

Obviamente esta pelea no da para mucho. Hostia para arriba, hostia para abajo, no queda bien que nadie mate a nadie. Pero como alguien tiene que morir, casualmente por allí pasaba a comprar tabaco un monstruo aterrador. Mal día para salir de casa. Superman y Batman dejan de lado sus rencillas y unen fuerzas para, junto con la ayuda de Xena, la Princesa Guerrera, que también pasaba por allí, meterle una solfa de catálogo a nuestro querido monstruo random. 

Batman y Superman hacen las paces y se besan en la boca mientras Wonder Woman mira.
No en serio, Superman se muere.

Lo mejor: Bruce Wayne descubre que entre nosotros viven superhéroes camuflados. Wonder Woman está de cajera en un Mercadona, Aquaman es registrador de la propiedad... Todos esperando su turno para que DC llame a sus puertas y rodar una peli.
Lo peor: No es Xena, es Wonder Woman.
Conclusión: Superman muere, sí. Pero de soslayo, como mueren Jon Nieve, Jesucristo o Goku.


viernes, 29 de abril de 2016

El Renacido


Echemos la vista atrás. Una vez reposado el éxito de El Renacido, Leo y su Oscar, vamos a reflexionar sobre la película que ha marcado un antes y un después en la historia de las estatuillas doradas. Acercaos conmigo y golpeemos con un palo el cadáver de DiCaprio.

La historia de Hugh Glass, el Renacido, es el ejemplo claro de "nadar para ahogarse en la orilla". El nivel de penurias jamás compensará el objetivo final. La película, a grandes rasgos, es que le dejan tirado a su suerte y medio moribundo, pero él se empeña en vivir para cobrarse su venganza. Ahora bien, visto los acontecimientos, le hubiese salido casi a cuenta morirse.
Voy a sacar la balanza Penurias - Logros.

Penurias
Posiblemente se me olviden algunas, y es que dos horas y media dan para mucha agonía.
La principal penuria y la que desencadena los acontecimientos es que le ataca un oso. No una, sino dos veces y con saña. Está claro que se te tiene que aparecer la Virgen para que no te quite de fumar. Pero ahí está la gracia, sobrevive. Vale, lo paso por alto.
Especial Humor Amarillo para nuestro moribundo amigo:
Le entierran vivo, le abandonan a sus suerte bajo cero, renace, se arrastra para llorar junto al cadáver de su hijo recién asesinado, semicongelación, se arrastra hasta un riachuelo a beber agua, se da cuenta de que tiene la garganta cortada, perdida escandalosa de sangre, come hierbajos, le persigen unos nativos, hace rafting sin barca, congelación, se arrastra durante millas, come porquerías, se encuentra con una manada de lobos, se arrastra a comer carroña, se incorpora, cojea, le pilla una ventisca, semicongelación, cojea durante millas, está podrido por dentro, le persiguen más nativos, cae por un acantilado, duerme dentro de un caballo a lo Luke Skywalker, anda durante más millas pero ahora sin abrigo, congelación a pecho descubierto, tramo final, llegada triunfal a Fort Culodelmundo a lo Jesucristo el Domingo de Ramos.

Logros
Nada más llegar al campamento de montaña, sale en busca de venganza. Esto es como el que llega a casa de fiesta a las diez de la mañana, se pega un duchazo y sale de mañaneo. Sin un segundo de reposo, El Revenido se echa a la montaña para dar caza a su fugitivo archienemigo.
Al final, tras una penosa persecución andando y una pelea final entre mendigos moribundos, Leo cobra su venganza.

Lo mejor: Ser inmortal.
Lo peor: Muy buen trampero no tienes que ser para que te enganche un oso de 600 kg escondido detrás de unos helechos. 
Conclusión: Tengo muchas horas de "El último superviviente" para saber que, a ese nivel de penurias y fatigas, Hugh Glass hubiese muerto a las primeras de cambio.


jueves, 18 de febrero de 2016

Creed. La leyenda de Rocky



Adonis Johnson Creed, heredero de Apollo Creed y portador único del calzón de las barras y estrellas. Durante el día cumple con el sueño americano, un ciudadano que prospera en su trabajo a jornada completa dentro de una multinacional, ascendiendo directo al éxito empresarial. Pero por las noches se transforma. Adonis entrena. Pero no como tú, que vas dos días por semana a correr en la cinta para hacerte creer a tí mismo que no eres un saco, Adonis se entrena para ser el Campeón del Mundo de Boxeo. Ahí es nada.
Capaz de desdoblar el espacio-tiempo, no tiene problema en salir del curro por la tarde, conducir hasta México (de Los Ángeles a Tijuana hay 3 horas en coche), subirse a un ring para inflarle la cara al paisano de turno y volver a la mañana siguiente, fresco y como un pincel a las 8:00 AM en su puesto de trabajo.

Visto la facilidad con la que despacha a sus adversarios, no tarda en verse en la tesitura de tener que renunciar a su futuro empresarial para dedicarse por completo al boxeo. Si yendo un rato al gym por las noches ya le bastaba para sentar cátedra a base de puñetes, ahora a tiempo completo nos lo podemos imaginar.

Adonis coge el petate y viaja hasta Philadelphia en busca del mejor amigo de su bigotudo padre, Rocky Balboa. Pero el Potro Italiano ya no está para nadie. Lo clásico, Adonis se tiene que ganar la confianza de Rocky para que éste acepte entrenarle. Rápidamente se extiende la noticia: Rocky entrenando al hijo de Apollo Creed. Reclamo publicitario más que suficiente para que el vigente campeón del Mundo de boxeo rete al novato Adonis. ¿Os suena de algo el guión?

Aquí la película ya funciona con el piloto automático. Adonis entrenando y Rocky mirando. Como esta película ya la vimos hace 40 años (bueno, yo la vi hace menos) los guionistas meten unas pocas novedades. La Adrian particular de Adonis no trabaja en una pajarería, ahora es una cantante casi sorda (eso explicaría su forma de cantar). Otro giro del guión es que a Rocky le detectan cáncer, pero de soslayo, porque en unas semanas se recupera.

Pero esto no es más que paja que nos desvía del tema principal, la pelea Adonis Creed vs Ricky Conlan. El final os lo podéis imaginar Adonis con la cara como un mazapán pero con dignidad. Fin. A hacer caja.

Lo mejor: Rocky llevando una botella de Four Roses a la tumba de su cuñado Paulie, en plan Ramones.
Lo peor: Ya apenas hay deportistas de élite que trabajen el bigote. Adonis hace un leve amago, pero queda lejos de los grandes como su padre Apollo Creed, Larry Bird o Abadía.
La leyenda de Abadía: Uno de sus mejores partidos como profesional fue un Compostela - Betis. Marcó el gol de la victoria y fue sustituido con una gran ovación. Horas después se supo que jugó durante 70 minutos con un hueso del pie fracturado.